“La primera vez que sales fuera de tu pueblo te sientes la reina del mundo pero si encima le sumamos que cuando sales es de fiesta y a la mejor discoteca de toda la capital la cosa ya es la “bomba”. Esa noche estaba exultante, feliz y me sentía como la persona más guay de todo el universo 18 años cumplidos y quién iba a pararme?, la noche no defraudó para nada la discoteca fue alucinante y todos nos lo pasamos genial.
Para volver a casa tenía 1h entera de viaje en autobús y encima mi parada era la última del recorrido así que a las 5 de la madrugada lo que menos me apetecia era tragarme todo el trayecto despierta después de todo el día en la universidad… Cuando me desperté la parada me la había pasado y el conductor ni siquiera se dio cuenta que yo seguía allí, mi sorpresa vino cuando estábamos casi en la carretera y que íbamos dirección a las cocheras, le dije que parara de inmediato y tal cual me baje y me marche a mi casa.
A la mañana siguiente no solo fui consciente de verdad de lo que me había pasado si no que además me había dejado en el autobús una bolsa con los zapatos de tacón que había llevado esa noche.
Nunca recuperé esos zapatos y eso que me encantaban lo bueno es que a partir de ese día siempre me pongo el despertador para despertarme antes de llegar a la parada y reviso lo que me dejo o no en los autobuses.”

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